La vida humana  no tiene un valor económico en si misma, porque la vida no está dentro del comercio y por lo tanto no tiene asignado jurídicamente un precio.
Lo que el derecho entiende es que la vida de las personas sí tiene un valor si se pone en relación con lo que el fallecido generaba a otras personas, tanto desde el punto de vista económico como afectivo.

Es decir, lo que se indemniza en un juicio son los daños y perjuicios que se producen a las personas que recibían beneficios económicos o emocionales del fallecido.

Por ejemplo, se toma en cuenta las pensiones o ayudas alimentarias que se dejan de recibir por la muerte de esa persona o el daño moral que sufren por su partida.

Por esa razón es que las indemnizaciones varían, según la edad de la persona, los ingresos, su profesión, situación económica, etc. Pues según esas condiciones los familiares sufrieron mayor o menor daño económico.

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